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Nunca me ha gustado dar los trabajos por acabados; y es que siempre he comprendido toda actividad artística como un “sinfín”. Un “sinfín” de preguntas y respuestas que dan lugar a otras preguntas que pocas veces son nuevas, sino unas mismas preocupaciones a las que el tiempo, las experiencias y esos maravillosos regalos de nuestros maestros nos ayudan a comprender mejor. Intuyo que solo existe una pregunta, pero todavía no conozco cual es. No tengo esperanza de descubrirla, pero sin embargo, tengo una certeza o quizá una creencia y es, que esa pregunta, es lo que me empuja a seguir caminando por esa cinta sin fin.

 

Por eso no quiero dar por terminado este proyecto. Quizá pronto vuelvan las mismas preguntas; quizá pronto aprenda algo nuevo; o quizá alguien me aporte su experiencia o un día descubra algo que no había percibido antes.

 

Pero exponer, o como en este caso realizar una instalación, son puntos obligados en los que hacer una revisión del trabajo realizado: ver a dónde nos ha conducido el desenfreno creativo y valorar las ideas y los conceptos que han ido tomando forma, transformándose, muriendo, resucitando o simplemente apareciendo ante nosotros, nos ayudan a poder apreciar la obra desde una perspectiva de conjunto y no valorando cada pieza que la compone como una obra independiente.

Es el momento de hacer memoria. Por eso planteo este catálogo como algo más que una descripción de obras con sus técnicas, dimensiones, etc... Deseo mostrar la evolución del trabajo desde el planteamiento inicial del proyecto hasta las conclusiones, las respuestas, y las nuevas preguntas que han ido surgiendo.

 

Hace aproximadamente un año que comencé a trabajar sobre este proyecto. En aquel momento los conceptos que se sucedían en mi mente eran la identidad individual y la homologación social.

 

Al comienzo, solo comprendía el Documento Nacional de Identidad, D.N.I., como un documento que servía para demostrar la identidad personal ante Instituciones, etc... y que constaba de un número intransferible y unas pruebas asociadas a este (huellas dactilares, fotografía, nombres de los padres ...). ¡Parecía que fuese el ADN de mi persona! Por ello, las diversas reproducciones que realicé del anverso y el reverso de mi D.N.I.  incluyen también radiografías y fotografías de mis manos y de mi rostro como pruebas más a aportar a ese documento queriendo definir mi propia identidad.

 

Pero con el “primer intento para mi clonación” (obra en catálogo) es cuando entra en juego el concepto de clon.  Tras este intento fallido, me doy cuenta de que realmente no es mi ADN sino mi DNI, Documento Nacional de Identidad. Quiero señalar que en la primera memoria escrita ya hablaba de homologación, comparando este documento con otros usados para la fabricación en masa y estableciendo paralelismos entre la producción en serie y la sociedad. (Aldous Huxley en su “Mundo Feliz” señala el año cero en el lanzamiento del modelo T de Ford, primer coche fabricado en una cadena de montaje, hablando de la historia en términos de: antes de Ford “AF” y después de Ford “DF”). Al fabricar bienes en serie, siempre se pierde algo y siempre se gana algo. Por ejemplo al fabricar un coche con métodos artesanales podemos crear una obra de arte, una joya, pero que casi nadie puede disfrutar. Sin embargo, al fabricarlo en serie, se abarata la producción de manera que mucha gente puede poseerlo, de la misma manera que un piso, un televisor, un refrigerador, etc...

 

Pero quizá, el aspecto que más incidencia tiene en la homologación social y que llega a formar una identidad colectiva por encima de la identidad individual, son la “mass media” que de una manera muy rápida están convirtiendo el mundo en un lugar muy pequeño.

 

De esta manera, unida la fabricación en masa con los medios de comunicación para los que no somos individuos sino masa social o, en todo caso, parte de un conjunto, los mensajes que se suceden constantemente nos acercan más y más a esa identidad social, alejándonos de la nuestra personal que resulta mucho más compleja e incomoda .

 

Ganamos algo y perdemos algo.

 

Por último, la clonación el “penúltimo” reto para  la humanidad, la ya tan cercana posibilidad de crear seres humanos idénticos genéticamente.

 

Consciencia del ser.

 

La clave, en mi opinión, está en que pensamos que con la clonación biológica clonamos la identidad individual, cuando yo creo que la identidad está más íntimamente relacionada con la consciencia del “ser” que con la predeterminación genética; que las influencias de nuestro entorno forman mucho más quién somos que nuestros genes; y que el desarrollo humano  es algo más que su evolución genética.

 

El reto, como lo fue con la revolución industrial, con los “mass media” y como lo será con la genética, está en cómo administraremos esos nuevos bienes, si lograremos que la valoración final entre lo que ganamos y perdemos deje un balance positivo o no.

Fermín Díez de Ulzurrun

 

¿Hasta qué punto este pensamiento o esta acción contribuye o se interfiere con el logro, por mi parte y por parte del mayor número posible de otros individuos, del fin último del hombre?

Aldous Huxley